“Caíto” un film de Guillermo Pfening / Viernes 30 – Centro Cultural Alfonsina Storni

 

En el marco del Ciclo itinerante “Trashumante” que muestra las obras que son parte de este fenómeno y pone a circular esta valiosa producción nacional llevando cine de calidad a los vecinos de toda la ciudad. Todas las funciones son a las 18.30 hs. y con entrada gratuita.

 

Septiembre:

Viernes 23 – Centro Cultural Versalles
Bruselas 785, Versalles – 4641-2722

El crítico (Hernán Guerschuny – 2013 – 98 min.)

Elenco: Rafael Spregelburd, Dolores Fonzi, Ignacio Rogers, Telma Crisanti y Ana Katz.

Víctor Téllez es un severo y prestigioso crítico de cine harto de las comedias románticas y convencido de que lo mejor del séptimo arte murió hace tiempo. Tal vez producto de su oficio, padece lo que él denomina La Maladie du Cinemá: ve al mundo como si fuera una gran película que, además, no puede evitar criticar.

“El crítico” está dirigida y guionada por otro crítico –Hernán Guerschuny, director de la revista Haciendo Cine-, es sin dudas un ejercicio reflexivo, autorreferencial y casi riesgoso. Y más aún si se tiene en cuenta que una de las cosas tematizadas por el film es el rol del crítico en la sociedad, su presunta superioridad intelectual para sentenciar si un determinado producto es una obra de arte o no.

Con escenas muy divertidas y un humor muy agudo, Hernán Guerschuny condensa en Víctor Téllez una serie de estereotipos sobre el intelectual burgués clasemediero pero sin ridiculizarlo. Trabajando en un registro autorreferencial, El Crítico se convierte en una amable parodia de sí mismo en donde, de alguna manera, se reivindica aquello que su protagonista tanto odia.
Es que el Crítico es, de hecho, una comedia romántica, pero con el agregado de que Téllez, poseedor de un saber “superior”, es consciente de los clises que va atravesando, y eso lo desconcierta y lo desespera.

 

Viernes 30 – Centro Cultural Alfonsina Storni
Tucumán 3233, Balvanera – 4862-1275

Caíto (Guillermo Pfening – 2012 – 70 min.).

Elenco: Guillermo Pfening, Luis Pfening, Marinha Villalobos, Lucas Ferraro, Romina Ricci, Bárbara Lombardo, Juan Bautista Stagnaro, Franca Licata

Al enfrentarme a la decisión sobre qué película reseñar esta semana, dudé mucho acerca de si hacerlo sobre la excelente producción estadounidense Capitán Phillips o volcarme por Caíto, el film de Guillermo Pfening. Fue el paso del tiempo el que se encargó de aclarar las cosas. Si bien la película protagonizada por Tom Hank me resultó atrapante no sólo por su historia bien contada sino también por su factura cinematográfica -dos horas y media manteniendo en vilo al espectador en una aventura de piratas no son poca cosa-, Caíto fue anidando en mí de un modo casi imperceptible, como esos ríos que se abren paso sin demasiado ruido pero que arrastran consigo mucho sedimento. Indudablemente, hay en juego un componente emocional: Caíto, hermano menor del director y guionista, tiene una distrofia muscular que le impide, entre otras cosas, ponerse en pie y lucha a diario para sobreponerse a esa limitación, ayudado por los cuidados de todos quienes lo rodean y el enorme amor filial que el relato logra trasuntar. El film busca de alguna manera rendir homenaje a ese “heroísmo” cotidiano, al mismo tiempo que incluirlo en el mundo –también afectivo- del cine, ahora como protagonista, tal como sucedió con Guillermo en Nacido y criado  (Pablo Trapero, 2006).

Ambos hermanos ya habían trabajado juntos en la realización de Caíto, un cortometraje del 2004 -reconocido con el premio George Méliès– que también se centra en la vida de Luis (Caíto). Esta segunda incursión, ahora en largometraje, retoma algunas imágenes de aquella producción a la vez que mezcla géneros y procedimientos para abordar su vida desde dos registros diferentes: la ficción y el documental (el documental como forma de captura de los caminos de la ficción, la ficción como modo de capturar la realidad).

El relato, de intensidad desigual y, por momentos, caótico- logra dar cuenta de aquello que se propuso. A mitad de camino entre un diario de filmación y una ficción que nunca termina de tomar forma, consigue dar cuenta del mundo del protagonista y sus afectos. Y también de la búsqueda del modo genuino de plasmarlos. Personajes queribles, entretelones de rodaje y una solidaridad que traspasa el ámbito de la diégesis para involucrar al mundo del cine en una aventura de la que, por suerte, muchos se sienten parte.

Un film de una calidez fuera de lo común que no se amilana ante el desafío de encontrar nuevos caminos estéticos. Para el recuerdo: la escena de Caíto, Anita y la Suzuki andando en cuatriciclo.

 

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