“La farsa de los ausentes” inspirada en la última obra de Roberto Arlt

La farsa de los ausentes, es la nueva versión del director y dramaturgo Pompeyo Audivert centrada en el primero de los cuatros actos de ‘El desierto entra en la ciudad’, la obra teatral póstuma de Arlt estrenada diez años después de su muerte y con la que se inaugura la reapertura del Teatro San Martín en la sala Martín Coronado.

Integra un prestigioso elenco de notables figuras: Daniel Fanego, Roberto Carnaghi, Juan Palomino, Ivana Zacharski, Carlos Kaspar, Santiago Ríos, Mosquito Sancineto, Andrés Mangone, Pablo De Nito, Abel Ledesma, Fernando Khabie, Hilario Quinteros, Susana Herrero Markov, Eric Calzado, Carla Laneri, Hernán Crismanich, Mauro Pelle, Gabriel Páez, Melina Benítez, Dulce Ramírez y Milagros Fabrizio.

“Es una experiencia teatral superadora del realismo histórico, haciendo estallar su secreto, ampliándolo poéticamente”, explica Audivert. Son los restos que quedan de un tiempo que todavía no ha sido, y que a través de un aparente absurdo nos enfrentan a nosotros mismos; actores de una farsa atada a los caprichos y delirios místicos de un César, encarnado por Daniel Fanego, o de poderes aun más fuertes que permanecen ocultos en las sombras.

Aquel manuscrito que en julio de 1942 Arlt había dejado en manos de su hija Mirta para las correcciones y ajustes finales, poco antes de su desaparición, planteaba varios interrogantes: ¿existen los santos? ¿quiénes son los verdaderos santos? ¿es posible que surjan santos en una época tan irreligiosa como la nuestra? ¿son tal vez los humillados de las ciudades? En segundo lugar, ¿se debe creer en los santos que predican en el desierto? ¿O son dementes?. La presencia de lo divino en la obra de Arlt, en efecto, se manifiesta a través de
su ausencia. Pero queda su invocación y la puesta en evidencia de su necesidad.

En el primer acto, que inspira y dispara la versión de Audivert, Arlt produce una ruptura sumamente moderna para su época y para la nuestra, una operación poética sobre las mismas coordenadas básicas que habitualmente un dramaturgo establece para definir quiénes son los personajes, qué están haciendo y dónde están temporal y espacialmente, pues decide (y esto marca su audaz avance hacia confines íntimos del sentido de ser del teatro) no clausurar la magnitud sagrada de estas preguntas con una versión realista que establezca, una vez más, a la obra en ese espejo histórico en el que se ha transformado el teatro, sino por el contrario: estallarlas poéticamente, acrecentarlas, darles un alcance metafísico y con ello hacer un planteo de máxima al respecto de nuestra identidad y pertenencia. ¿Quién es Cesar? ¿Quiénes los invitados? ¿Qué están haciendo? ¿Dónde están? ¿Y esa criatura?

Esta pieza dividida en cuatro actos pone en tela de juicio la conversión de César, el hombre más poderoso de una ciudad, quien tras tener una terrible visión decide irse a predicar al desierto. Lo siguen los antiguos amigos y empleados que han sido sus compañeros de orgías, y a quienes les da la opción de quedarse con las vacantes dejadas en las oficinas. Sin embargo todos optan por acompañarlo y entonces funcionan como discípulos; uno, Escipión, es el traidor que lo entrega por unas monedas a familiares, socios y abogados que desean quedarse con sus bienes. Todo se repite de manera semejante a la vida de Jesucristo, incluso llegan los Reyes Magos que llevan presentes
al que consideran el “guía de la humanidad actual” (El desierto entra en la ciudad, 1991, 560). Desde el primer acto hasta el último, los personajes intentan averiguar si realmente César es un santo o un loco. Se consultará a un Sacerdote y a un Astrólogo, cada uno a su manera dará razones para pensar que realmente es un santo. Pero finalmente, para descubrir la verdad le piden a César que realice un milagro, debe resucitar a una prima suya, pero en ese momento, él ruega a una fuerza que lo saque de allí y, en un instante de confusión, entre las voces que lo insultan y las que lo consuelan, otro personaje le dispara y César muere. La incertidumbre continúa, ya no se puede saber si verdaderamente era un santo.
Los dos espacios aludidos en el título, el desierto y la ciudad, son puestos en tensión. Cada uno encierra un nudo de significación. La ciudad es el lugar infernal; el desierto, el espacio de la santidad. La vida en la ciudad, que es la del trabajo de oficina, es una cárcel y un verdadero castigo para el hombre.
Dos temas fundamentales, íntimamente vinculados, propone tratar el autor desde el inicio de su carrera como escritor: el social y el religioso.

Mientras Audivert se pregunta…” ¿no será que siempre estamos naciendo y muriendo, reencarnando una y otra vez en otras máscaras? Y en ese trance ¿no estaremos siendo abducidos por una mecánica histórica siniestra a unos quehaceres absurdos, a una farsa que nos ausenta de nuestra verdadera identidad, de nuestro sentido de ser en este mundo?”, abriendo así la sospecha que nos hace humanos.

Pompeyo Audivert (Actor, director, dramaturgo y docente) tiene una extensa carrera sobre el escenario. Entre las obras en las que trabajó como actor se pueden destacar:  “Postales argentinas”, con dirección de Ricardo Bartís (Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, 1989); “Hamlet” de William Shakespeare, también con dirección de Bartís (Sala Cunilll Cabanellas,1991); “Esperando a Godot” de Samuel Beckett, con dirección de Leonor Manso (1996); “La hija del aire” de Pedro Calderón de la Barca y “El rey Lear” de Shakespeare, ambas con dirección de Jorge Lavelli (Sala Martín Coronado, 2004 y 2006, respectivamente); “Heldenplatz” de Thomas Bernhard, con dirección de Emilio García Wehbi (Sala Casacuberta del Teatro San Martín, 2008); “Marathon” de Ricardo Monti, con dirección de Villanueva Cosse (Teatro Nacional Cervantes, año 2009); “El crítico” de Juan Mayorga, con dirección de Guillermo Heras (Sala Cunill Cabanellas, 2013).

Como actor y director trabajó en “La fuerza de la costumbre” de Thomas Bernhard (Teatro Caliban, año 2001), “Fin de Partida” de Samuel Beckett (CC Cooperación, año 2007) y “Muñeca” de Armando Discépolo (actualmente en cartel en el CC Cooperación).

Como director en: “La Señora Macbeth”, de Griselda Gambaro (CC Cooperación,año 2005), “Medea” de Eurípides (Sala Casacuberta, TGSM, año 2009), “Antígona Vélez” de Leopoldo Marechal (Teatro Nacional Cervantes 2010), “Museo EZEIZA 73 instalación” (Centro Cultural Haroldo Conti) y “Edipo en Ezeiza”, de su autoría (Camarín de las Musas, actualmente en cartel).

Teatro San Martín – Sala Martín Coronado- Avda. Corrientes 1530

Funciones | De miércoles a sábados a las 20.30 hs y los domingos a las 20 hs.

Platea: $190 | Pullman: $140 | Miércoles y jueves (días populares): $95

Importante: Del 14 al 5 de Julio, “La farsa de los ausentes” entrará en receso por las funciones de la compañía francesa de JOËL POMMERAT. A partir del 6 de Julio retornará en sus días y horarios habituales.

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