Una amistad y el vinculo de dos destacados intelectuales

 

Una amistad personal enriquecida por las afinidades literarias y los círculos intelectuales compartidos. Hombres de letras, muy destacados ambos, que logran moverse con aplomo cuando les toca desempeñarse en Europa y, a la vez, profundamente comprometidos con los ideales y el porvenir de América.

Con motivo de conmemorarse el próximo 6 de febrero el centenario de la muerte de Rubén Darío (1867-1916), el Museo Casa de Ricardo Rojas presenta la exposición “Rubén Darío y Ricardo Rojas, una amistad”, que reúne cartas, documentos y libros que testimonian la amistad de dos destacados intelectuales de una América en busca de su identidad.

Rubén Darío, el poeta nicaragüense y máximo representante del Modernismo literario, quien goza de renombre por sus Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905), visita Buenos Aires. Nació en Metapa, Nicaragua, en el año 1867. Su verdadero nombre era Félix Rubén García Sarmiento. Fue periodista y diplomático. Hasta 1898 vivió, publicó y actuó en Chile, Centroamérica y la Argentina. En 1898 viajó a España, y vivió en Francia y otros países de Europa. Murió en León, Nicaragua, en 1916. Escribió prosa y poesía. Entre toda su producción se destacan tres obras que ayudan a comprender la evolución del Modernismo: Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. Los raros, en prosa, y El Canto Errante son otras de sus obras.

 Azul (1888): fue su primera obra importante. Publicada en Valparaíso, está constituida por relatos breves y algunos poemas. Significó para su autor el reconocimiento en América y en España. Sus rasgos son: sensualidad, erotismo y musicalidad. En los sonetos que cierran la obra, Darío revela sus preferencias y su cosmopolitismo. v Prosas profanas: fue publicado en Buenos Aires, en 1896. Las variaciones temáticas y las audacias métricas, son tantas que provocaron en América y en España grandes polémicas. Predomina el tema erótico, envuelto en un arte cromático y perfecto. v Cantos de vida y esperanza (1903): Los temas del libro son, entre otros: el paso del tiempo, la misión del poeta, la búsqueda de la fe, la preocupación por el futuro de América, etc. El libro termina con una expresión de temor y duda sobre el misterio de la vida. De contenido diferente, este volumen presenta el mismo cuidado formal y la notable variedad de metros y riqueza de lenguaje que caracterizan al gran poeta.

Ricardo Rojas, joven poeta, ya reconocido en el ambiente literario por La victoria del hombre (1903), manifiesta su admiración al maestro en el banquete de homenaje a Darío. Prestigioso hombre de letras que brilló desde los primeros años del siglo XX contribuyendo enormemente en el campo cultural con sus amplios conocimientos, con su brillantez intelectual y con su coherente militancia en defensa de sus ideales y de sus principios democráticos.

Transitó desde la poesía hasta la política con reconocida excelencia, pero su mayor profundidad la logró en el campo de la investigación literaria. Su monumental obra “Historia de la Literatura Argentina”, escrita entre los años 1917/1922, conmovió en su momento a todos los que se acercaron a las cuatro mil páginas concentradas en nueve tomos y publicadas definitivamente cuando Rojas cumplía 67 años de edad a mediados del siglo veinte. Se podría decir con justicia que todavía no se ha escrito nada igual en el vasto espacio de la historia literaria americana.

En las incursiones que realizó sobre historia se desempeñó magistralmente trabajando en la doble vertiente de lo historizable, o sea: en la historia como ciencia, por sus métodos científicos y técnicos, y en la historia como arte, por su poder de evocación.

La visión regionalista de los acontecimientos nacionales hacen muy atrayentes sus ensayos sociales y sus conclusiones políticas e ideológicas.

Ricardo Rojas nació en Tucumán en 1882, estudió sus primeras letras en Santiago del Estero, provincia en la que su padre fue dos veces gobernador, en 1886 y 1892. A los 10 años quedó huérfano de padre, en 1899 su familia se trasladó a la Capital y allí estudió derecho, carrera que abandonó para dedicarse desde muy joven a lo que fue su verdadera vocación: las letras. En 1903 publicó su primera obra literaria, fue un libro de poesía que se llama “La victoria del hombre”. Estos poemas vieron la luz cuando Rojas tenía 21 años. Con ellos selló su destino de poeta, aunque sus producciones posteriores no fueron de poesía.

El periodismo literario y político fue su máxima vocación. En 1908 viajó por Europa interesado por los sistemas educativos. A su regreso fundó la Cátedra y el Instituto de Literatura Argentina. Con el tiempo llegó a ser rector de la Universidad de Buenos Aires. Ubicaremos sus obras con un cierto orden temático y cronológico.

Incluimos a Rojas junto a Lugones en el Modernismo, aquel movimiento literario netamente hispano, iniciado en América por Rubén Darío. Su obra poética es de sesgo neo-romántico, se nota en ella una gran identificación con la poética del gran escritor francés Víctor Hugo.

Entre sus obras encontramos: En la poesía, “La victoria del hombre”. No es sólo una recopilación de poemas de un joven veinteañero, es el perfil del muestrario sensitivo e intelectual del escritor que lucharía contra la mediocridad y la ignorancia en los siguientes cincuenta y cinco años.

“Los lises del blasón”, publicado en 1911; “Canciones”, en 1920; “El Cristo invisible”, en 1927, y “Archipiélago” en 1942, estos son los libros de poemas más importantes de Rojas.

En teatro, publicó en 1929 “Elelin”; en 1932, “La casa colonial”; y en 1938, “Ollantay”. La temática de todas gira alrededor de acontecimientos históricos y legendarios de la cultura quechua especialmente.

En novela, este es el género menos utilizado por nuestro autor. Publicó en 1908 “El Ucunar”, una novela corta con los mismos personajes y ambientada en la misma región donde sitúa a los personajes de “El país de la selva” escrita un año antes y que veremos luego. En el género ensayo y crítica, Ricardo Rojas está vinculado a la formación de las teorías políticas y culturales que configuraron nuestro país. Es así que en plena juventud, a los 27 años, después de regresar del mencionado viaje por Europa, en 1909, publicó su primer gran ensayo, “La Restauración Nacionalista”. Aquí se introduce en el tema de la identidad histórica, que continuará con “Blasón de Plata” (1910), “La argentinidad” (1916), “Biblioteca Argentina” (1915/1918), “Eurindia” (1924), “Las Provincias” (1927), “El Pensamiento vivo de Sarmiento” (1928). “La Argentinidad”. Esta obra nació el 9 de julio de 1916. Trata de conceptuar el tema de nacionalidad sintetizando la filiación de los argentinos a la democracia como un proceso doloroso, voluntario y convulsionado. Comienza remarcando la relatividad de la palabra Patria. Sostiene que la Patria no es lo mismo para nosotros que lo que fue para los hombres de la Independencia. Para Funes, Patria fue la ciudad nativa; para Moreno, el Virreinato; para Gorriti, las Provincias Unidas; para Monteagudo, toda la América; para Rosas, la adhesión a su Santa Federación. E invita a deponer la fórmula fácil y peligrosa de la antinomia de los muertos argentinos en ángeles y demonios y teoriza sobre el impulso inicial de la Revolución de Mayo considerándola como la causa central de los acontecimientos posteriores.

Otra biografía, mucho menos leída, pero no por eso menos egregia y vasta, es la vida de Sarmiento, la publicó en 1945 y se llama “El Profeta de la Pampa”. En este libro, se encuentra el condimento necesario que le da el sabor a los fenómenos históricos, el personaje historizado cobra vida, los aspectos personales se manifiestan a flor de letra, hasta podría decirse que se puede dialogar con él. Los 77 años que vivió el apasionado sanjuanino están mágicamente descriptos con innumerables anécdotas biográficas.

Muy preocupado por la reforma educativa que el país debiera hacer, inclina todo el contenido del libro hacia los maestros argentinos y a poner, por enésima vez, en evidencia la importancia de la primera musa, Clío. Musa de la historia. “La sustancia de la Historia no es el pasado, como generalmente se cree, sino el tiempo en la medida de los hechos y los ideales humanos”.

Entrada: $20.

Menores de 12 años, jubilados y estudiantes entrada sin cargo.

Los días miércoles la entrada es gratuita.

Museo Casa de Ricardo Rojas

Charcas 2837, Ciudad de Buenos Aires

 

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